La catedrática de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y miembro de la Red para la PROmoción de la salud mental y el bienestar Emocional de los jóvenes (Red PROEM), Maite Garaigordobil, ha elaborado junto a las también investigadoras de la UPV-EHU, Joana Jaureguizar y Elena Bernaras, un estudio sobre la depresión infantil que constata la necesidad de programas de prevención de trastornos emocionales.

En su investigación en torno a la depresión que afecta en las épocas de infancia y adolescencia, han evaluado los efectos de un programa de prevención de la depresión infantil a través de la comparación de un programa específico denominado ‘Pozik-Bizi’ (Vivir-Feliz), desarrollado por las tres investigadoras, con un programa global de intervención socioemocional basado en el juego cooperativo, llamado ‘Juego’ y que ha diseñado la propia Maite Garaigordobil.

El programa “Pozik-Bizi” es un programa para la mejora de las emociones y los síntomas depresivos en niños de 8 a 10 años. El programa de enfoque cognitivo-conductual tiene tres objetivos: mejorar las relaciones intragrupo y reducir el estrés social; Identificar, entender y regular las emociones y pensamientos negativos, fortaleciendo los positivos; y, mejorar las habilidades de los estudiantes para disminuir su ansiedad y sentimientos de incapacidad, aumentando su confianza.

Por su parte, el programa “Juego” a su vez está destinado también a niños de 8 a 10 años y tiene como objetivos fomentar el desarrollo social y afectivo-emocional, utilizando para ello el juego cooperativo (juegos de comunicación, de ayuda, de cooperación, de cohesión grupal, de confianza…) como estrategia metodológica.

En el estudio, financiado por la Fundación Alicia Klopowitz, participaron 420 estudiantes de Educación Primaria, de los cuales 51,9% fueron asignados aleatoriamente al programa específico de depresión (Pozik-Bizi) y 48,1% a la condición de control (programa ‘Juego’). Los participantes estaban inscritos en centros educativos del País Vasco (53,6% públicos y 46,4% privados) y cursaban 3º curso (52,6%) y 4º curso (47,4%). Al inicio del curso académico 2015-2016, miembros del equipo investigador se desplazaron a los centros educativos participantes en el estudio para administrar a los estudiantes 5 instrumentos de evaluación y los profesores cumplimentaron 2 modelos de test. El grupo experimental realizó 18 sesiones del programa “Pozik-Bizi” mientras que el de control hizo sesiones de juego cooperativo.

Al término de las sesiones y, al realizar la comparación de ambos programas, se puso de relieve que los estudiantes que realizaron el programa ‘Pozik-Bizi’ significativamente disminuyeron el nivel de desajuste clínico (ansiedad, atipicidad, locus de control externo…), el desajuste escolar (actitud negativa hacia el colegio y hacia los profesores), los problemas emocionales y de conducta evaluados por los profesores (especialmente los internalizantes: retraimiento, somatización, ansiedad, problemas de pensamiento, depresión…), aumentando conductas positivas (de ánimo-alegría…) evaluadas por los profesores que inhiben la depresión. Sin embargo, el programa de juego cooperativo mejoró significativamente más el autoconcepto y las habilidades sociales (comunicación, cooperación, asertividad, responsabilidad, empatía, implicación/participación, auto-control).

Los resultados del estudio han sido recogidos en un artículo titulado ‘Evaluation of the effects of a chilhood depression prevention program’, y publicado por la revista científica The Journal of Psychology Interdisciplinary and Applied.

“Tras los datos obtenidos y, teniendo en cuenta que existen pocos programas universales de prevención de la sintomatología depresiva centrados en edades tempranas, cabe destacar que este trabajo aporta un programa universal para prevenir la depresión infantil que se ha demostrado eficaz en la reducción de variables clínicas”, señalan las investigadoras. Además, “este estudio ratifica el positivo potencial de programas de intervención socioemocional, como son los programas de juego cooperativo, en el aumento del autoconcepto y las habilidades sociales que son factores protectores de la depresión”, insisten.

“El trabajo es relevante porque una buena prevención e intervención durante la infancia puede fomentar adolescentes y adultos más saludables. Por ello cabe enfatizar la necesidad de desarrollar e implementar programas de prevención de los trastornos emocionales en la infancia y adolescencia”, concluyen las investigadoras.

 

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